Cuando llega el verano en Madrid hay días en los que el cuerpo solo pide una cosa: escapar del calor, dejar atrás el ruido de la ciudad y volver a respirar aire puro. Eso fue exactamente lo que hicimos hace unos días Peter, Marta y yo. Nos fuimos hasta el nordeste de Segovia en busca de naturaleza, pueblos con encanto y conectar con las personas.
Después de recorrer los conocidos pueblos rojos, negros y amarillos de Segovia, teníamos una cita muy especial en Martín Muñoz de Ayllón. Allí nos esperaban Nuria y Otero, las dos mujeres que hay detrás de Territorio Rampinge, un proyecto que une deporte, naturaleza y amor por la vida en el pueblo.
Mucho más que caminar con bastones
Aunque no era nuestra primera experiencia practicando marcha nórdica, seguimos considerándonos principiantes. Antes de comenzar, Nuria nos explicó cómo utilizar correctamente todo el material. Durante toda la ruta, Otero fue pendiente de nosotros, corrigiendo pequeños detalles de nuestra postura y enseñándonos cómo subir y bajar cuestas de forma mucho más eficiente. Son esos consejos los que marcan la diferencia cuando aprendes de personas que viven esta disciplina con pasión.
Una ruta entre bosques, arroyos y campos de cereal
Comenzamos la caminata alrededor de las siete de la tarde, cuando el calor ya daba un respiro. Una decisión perfecta para disfrutar del paisaje con una temperatura mucho más agradable.
La ruta salía desde Martín Muñoz de Ayllón y tenía un objetivo claro: llegar hasta La Chorrera, una pequeña cascada escondida entre la naturaleza. El camino fue cambiando constantemente. Atravesamos zonas abiertas rodeadas de campos de cereal, pequeños bosques donde la sombra hacía el paseo todavía más agradable y varios arroyos.
Una de las cosas que más nos gustó es que las rutas de Territorio Rampinge son interpretadas. No se trata solo de caminar. Nuria y Otero van compartiendo curiosidades sobre el paisaje, la flora, el territorio y la historia del lugar, haciendo que cada paso tenga mucho más sentido.

El premio final: La Chorrera
Después de un agradable paseo llegamos por fin a la cascada. Confesamos que, antes de empezar la ruta, habíamos fantaseado con darnos un baño para combatir el calor... hasta que metimos los pies en el agua. Estaba helada.
Al final nos conformamos con refrescarnos los pies, descansar un rato, hacer unas cuantas fotos y disfrutar del sonido del agua mientras comentábamos todo nuestro viaje.

El regreso lo hicimos por el mismo sendero, disfrutando del paisaje desde otra perspectiva y con la sensación de haber desconectado completamente de la rutina.
Como todas las experiencias que organiza Territorio Rampinge, esta ruta había sido preparada especialmente para nuestro pequeño grupo. Adaptaron la distancia, el ritmo y el horario a nuestras necesidades para que pudiéramos disfrutar sin prisas y aprovechando las mejores horas del día.
Descubrir un lugar caminando junto a quienes lo conocen
Eso es precisamente lo que más nos gusta de viajar conociendo a nuestros proveedores de actividades. No solo descubrimos nuevos paisajes. También conocemos a las personas que los viven y velan por ellos.
La experiencia de marcha nórdica con Territorio Rampinge para nosotros no se trata solo de hacer deporte si no de conectar con la naturaleza cuidandose, compartir conversaciones y de descubrir lugares a los que no llegaríamos solos.
Si estás buscando una escapada cerca de Madrid, te recomendamos descubrir el nordeste de Segovia de su mano. Puede que acabes enamorándote del paisaje... y también de la marcha nórdica.